Cuando nuestro itinerario nos lleva a Cerdeña, solemos pensar en calas imposibles, pueblos de montaña y ese azul que parece pintado. Pero si hay algo que convierte una escala en un recuerdo completo, es comer bien. Y en Ogliastra, esa franja de costa y sierra al este de la isla, la cocina tiene carácter: recetas humildes, producto local y sabores muy definidos, de los que se quedan con nosotros incluso días después de volver a bordo.
Si estamos preparando unas vacaciones y queremos hilar destinos con experiencias gastronómicas, una forma estupenda de inspirarnos es mirar itinerarios de cruceros por el Mediterráneo y cruzarlos con lo que se come en cada puerto. Ogliastra (con Arbatax como punto de entrada habitual) es un acierto: en pocas horas podemos saborear Cerdeña “de verdad”, sin complicarnos.
Ogliastra en un bocado: por qué su cocina engancha
La gastronomía ogliastrina nace del cruce entre mar y montaña. En un mismo día podemos pasar del pescado y el marisco a platos pastoriles, con queso, cordero y hierbas aromáticas. Aquí se cocina sin prisas y con memoria: pasta rellena con formas casi rituales, panes que aguantan viajes, y dulces pensados para celebrar.
Nuestro consejo general para una escala corta: no intentar probarlo todo. Elegimos 2 o 3 platos “totem” (uno de pasta, uno de carne o mar, y un postre), y lo rematamos con un queso y un licor local. Con esa combinación, Ogliastra se nos queda grabada.
Imprescindibles de pasta y masa: lo que pediríamos siempre
Culurgiones: el símbolo de la zona
Si solo pudiéramos recomendar un plato, sería este. Los culurgiones son una pasta rellena típica de Ogliastra, con un cierre trenzado que parece una espiga. El relleno suele llevar patata, queso (a menudo pecorino) y hierbabuena, y se sirve con salsa de tomate y un toque de queso rallado.
Cómo pedirlos para acertar: preguntamos si son “de patata e menta” (patata y menta/hierbabuena). Si los encontramos recién hechos, notaremos esa mezcla suave y fresca que los hace distintos a otras pastas rellenas italianas.
Malloreddus: la pasta sarda de diario
Los malloreddus (a veces llamados “gnocchetti sardi”) son pequeños y estriados, perfectos para atrapar la salsa. La versión más clásica es con ragú y salchicha (campidanese), pero en Ogliastra también pueden aparecer con salsa de tomate sencilla y queso local.
Si vamos con hambre de verdad, es una apuesta segura: contundente, sabrosa y muy sarda.
Pane carasau y pane guttiau: crujiente con historia
El pane carasau es un pan finísimo y crujiente, casi como una lámina, tradicionalmente pensado para durar. En muchos sitios nos lo ponen en la mesa como si fuera “el pan de la casa”. Si lo sirven como pane guttiau, lo encontramos aliñado con aceite de oliva y sal (a veces con un toque de romero): peligroso, porque no podemos parar.
Nos gusta usarlo como acompañamiento de embutidos y quesos, o incluso para “empujar” una salsa de pescado sin remordimientos.
Mar y costa: sabores mediterráneos con acento sardo
Fregola con almejas (arselle): cuchara y mar
La fregola es una pasta en bolitas, tostada, que se suele preparar como si fuera un guiso. Con almejas (arselle), tomate y un fondo bien hecho, es uno de esos platos que nos hacen sentir la costa en cada cucharada.
Para una escala, es ideal si el día está ventoso o si queremos algo reconfortante sin caer en lo pesado. Y si lo acompañamos con un vino blanco local, la combinación es redonda.
Pescado del día: a la brasa o al horno
Ogliastra tiene tradición marinera y, si encontramos un restaurante que trabaje producto fresco, pedir “pesce del giorno” es una decisión inteligente. Nos lo pueden proponer a la brasa o al horno, con patatas, aceite de oliva y hierbas. Aquí el truco está en no complicarlo: cuanto más simple, más se nota la calidad.
Si vamos en grupo, una opción práctica es compartir: un entrante de mar (fregola o un antipasto de la casa) y un pescado para dos o tres personas.
Montaña y tradición: la parte más contundente del recetario
Porceddu: el asado que hay que probar al menos una vez
El porceddu (cochinillo asado) es uno de los grandes clásicos de Cerdeña. Se cocina lentamente, y cuando está bien hecho, tiene piel crujiente y carne jugosa. En Ogliastra, donde la tradición pastoril pesa, suele aparecer en trattorias y, sobre todo, en ambientes más rurales.
Si nuestra escala coincide con un día en el que nos apetece sentarnos con calma, este es el plato “evento”. No lo pedimos con prisas: lo disfrutamos como se merece.
Cordero (o cabrito) con hierbas: sabor a interior
Otra apuesta muy local es el cordero o el cabrito preparado con hierbas aromáticas. No siempre aparece con el mismo nombre, pero la idea se repite: carne tierna, cocción lenta y ese punto mediterráneo de romero, laurel o mirto.
Nos gusta pedirlo cuando queremos entender la parte “de montaña” de Ogliastra. Es un plato que cuenta territorio.
Quesos y embutidos: el picoteo perfecto para una escala
Pecorino sardo y otros quesos locales
El pecorino (de oveja) es protagonista. Según el punto de curación, puede ser más suave o más intenso. Si estamos indecisos, pedimos una tabla mixta: suele venir con diferentes curaciones, y a veces con miel o mermeladas para contrastar.
Un consejo de puerto: si vamos justos de tiempo, una tabla de quesos y embutidos con pane carasau nos da una comida completa, rápida y muy auténtica.
Embutidos sardos: intensidad y carácter
La isla tiene embutidos potentes, con especias y curaciones marcadas. Si no queremos jugar a ciegas, pedimos “salumi misti” (variado) y nos dejamos guiar. Es la forma más fácil de probar sin equivocarnos.
Dulces imprescindibles: el final que nos llevamos a bordo
Seadas (o sebadas): el postre que gana a cualquiera
Las seadas son un postre típico: una especie de empanadilla frita rellena de queso, cubierta con miel (a veces de cítricos o de mirto). El contraste de caliente-frío, dulce-salado, es simplemente adictivo.
Nos encanta pedir una para compartir, aunque casi siempre acabamos queriendo otra. Si la encontramos recién hecha, es un “sí” automático.
Amaretti y dulces de almendra
En pastelerías y cafeterías es frecuente ver dulces de almendra (amaretti) y otras preparaciones tradicionales. Son perfectos para un café rápido antes de volver al barco, o incluso para llevarnos un pequeño capricho para la tarde.
Qué beber en Ogliastra: brindis con identidad
Para acompañar, solemos movernos entre dos estilos: blanco fresco o tinto con carácter. Un Vermentino bien frío funciona genial con fregola y pescado. Y si nos vamos a porceddu o cordero, un tinto de la isla (como Cannonau) encaja de maravilla.
Para el final, el mirto (licor de mirto) es casi un rito. Si no nos apetece algo dulce, también podemos optar por un digestivo local más seco, pero el mirto suele ser el más fácil de encontrar.
Plan rápido de escala: nuestra ruta gastronómica en 4 horas
- Primera parada (30–45 min): café y dulce de almendra o un pequeño antipasto para abrir boca.
- Comida principal (90 min): culurgiones como plato estrella, o fregola si buscamos mar; y si tenemos tiempo y ganas, porceddu para compartir.
- Postre (20 min): seadas sí o sí, aunque sea una entre varios.
- Extra (10 min): remate con mirto o una copa de vino, y vuelta al barco con la sensación de haber “comido Ogliastra”.
Consejos finales para pedir como locales
- Preguntamos sin miedo qué está “fatto in casa” (hecho en casa): en platos como culurgiones marca la diferencia.
- Si vemos muchos locales comiendo a una hora concreta, nos adaptamos: la rotación del servicio suele ser más ágil.
- En Ogliastra, menos es más: mejor un plato excelente que cuatro mediocres.
- Si viajamos con niños o con paladares delicados, malloreddus y pane carasau suelen ser el terreno seguro.
Con estos platos en mente, convertimos una simple escala en una experiencia completa: paisaje, paseo y mesa. Y eso, al final, es lo que más recordamos cuando el barco ya está navegando de nuevo.












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